El sonido característico a metal dilatado por las tardes veraniegas de poniente resultaba ser el envoltorio que necesitaban esos mensajes, aquellos manuscritos destilados de la memoria, de los anhelos y proyecciones propias del momento; el buzón giraba en esa conjunción extraña de materia y vacío en su puerta, dentro ofertas de dos por uno, dentro mayores y saldos bancarios, han abierto una peluquería nueva en el barrio, calendarios con desatrancos y fontanería 24 horas, al fondo una carta, ese sonido de carta con aroma a sello regio, a solapas engomadas y tinta recorriendo bucles, rectas, óvalos. Escritura, género epistolar. Descubrir el destinatario, el remitente, más que descubrir re-descubrir, la paradoja de algo no escrito como intuición de que tocaba sentarse en el estío de esos años a volcar aquello que no sabía igual en el teléfono fijo o en el cara a cara, porque había cosas que su medio de expresión necesariamente era aquél que recorrería kilómetros y que durante el tra...
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