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Mostrando entradas de junio, 2020

Piroforismos

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Pirofóricos, pirofóricas, dícese de aquellos materiales que se inflaman espontáneamente en contacto con el aire, produciendo chispas. Piroforismos, dícese de aquellas palabras procedentes de la mente aburrida que, de repente y sin mediar sinapsis, entra en actitud pirofórica. Precedente: los haikus. 1) Sol de verano Atardece un destello Cielo desnudo 2) Lluvia y asfalto Horizonte sin nombre Sueño y escala 3) Son carne y sangre Certeros animales Paciencia y sueño 4) Hoy estás triste Aun así las estrellas Despacio danzan 5) Camino y aire Un sueño, un destino Es lo que ofrece                                                                                                    ...

La fuente y las sombras

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    No había mucho que hacer en el cruce de Camoens con Chapí donde la estatua del antiguo general vestido de piedra y deposiciones de pájaro, todos pensábamos que podía ser un excremento entero cubierto de un general que poco a poco fue emanando desde la profundidad de la peana al que le pusieron a posteriori nombre y batalla, fecha y gesta, dejando a la vista unos pocos restos de lo que antiguamente debió ser una admirable deyección de una especie extinta, quizá tan antigua como la fuente, a la que se llegaba unos pasos más abajo tras bordear los fabulosos castaños de indias que en esa época ya estaban en fruto. La fuente era musgo y cacharras de plástico al atardecer, y al olor orgánico del caño danzaban mosquitos y relatos sobre las virtudes de ese agua fría. -”Ya queda poco para que vengan” -dijo Diego en un tono aparentemente sobrado, sus dedos manoseaban el mechero y un ritmo sin fin movía su pie izquierdo, hoy al fin quería acercarse y preguntarles algo, nada concret...

La luz de las dos de la tarde, viernes

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En religión hacia las dos y media de la tarde, última clase de la semana, la claridad de los ventanales de la izquierda caía sobre las piernas de Sonia que cada viernes quedaba y yo lo sabía, quedaba a la salida con un tipo alto y de cara satisfecha que venía de otro instituto varias manzanas más arriba, en una zona desconocida por mí, por la mayoría. Pero también sabía que la luz promisoria y tediosa del fin de semana entraba a medida que se iba acercando la mitad de la primavera a un mes y medio del final de curso, dando vida a las piernas de Sonia o de su compañera Belén, que también comenzó a llevar minifalda los jueves a partir de mayo; aunque a ella no la recogía nadie en la salida sabíamos que quedaba con algún otro que prefería mantener en el anonimato y al que vería tras el revuelo de la salida a una distancia prudente, que nunca nos preocupamos en seguir. Aquella clase donde se hubiera podido hablar de algo tan misterioso se convertía en bostezo gracias al método empleado, a...