Las terrazas
A veces me parecía interesante observar las terrazas de los edificios que se desplegaban como un ala poderosa, como bostezos del horizonte urbano. Me gustaban y me daban algo de pena, cuando paseaba sin rumbo por el laberinto de fachadas de ladrillo en bruto, de figuras inst antáneas que van y vienen en dos segundos, de la porquería ya no manchando las aceras sino haciéndose calle en sí misma con todo el derecho a ser considerada parte inseparable de ellas. De repente me quedaba quieto en una esquina y elevaba la vista hacia ellas que me observaban y observaba, suspendidas en hileras, con ese algo de exhibicionismo en aquel puñado de vacío y objetos personales como extensión de lo oculto, de los secretos medio descubiertos del extraño permanente, aquel poblador soberbio por su altura y su punto de vista. En el cuaderno de notas escribí lo siguiente como poética de mis reflexiones: ”Mi conciudadano, que descubres a vista de pájaro allá arriba lo lejano de lo cotidiano apoyado en tu ...