Al fondo del buzón
El sonido característico a metal dilatado por las tardes veraniegas de poniente resultaba ser el envoltorio que necesitaban esos mensajes, aquellos manuscritos destilados de la memoria, de los anhelos y proyecciones propias del momento; el buzón giraba en esa conjunción extraña de materia y vacío en su puerta, dentro ofertas de dos por uno, dentro mayores y saldos bancarios, han abierto una peluquería nueva en el barrio, calendarios con desatrancos y fontanería 24 horas, al fondo una carta, ese sonido de carta con aroma a sello regio, a solapas engomadas y tinta recorriendo bucles, rectas, óvalos. Escritura, género epistolar.
Descubrir el destinatario, el remitente, más que descubrir re-descubrir, la paradoja de algo no escrito como intuición de que tocaba sentarse en el estío de esos años a volcar aquello que no sabía igual en el teléfono fijo o en el cara a cara, porque había cosas que su medio de expresión necesariamente era aquél que recorrería kilómetros y que durante el trayecto maduraba por sí mismo, ganaba en gravedad para deleite de los escritores, para dejar un poso de conexión que cimentaba algo, quizá aquella necesidad que alguna vez se tiene de sensaciones gemelas.
Madrid - Xunqueira do Espadañedo, Xunqueira do Espadañedo - Madrid. A la calle Princesa, a Rivela, la urbe y el pueblo con el común denominador del papel y tinta. Y la seria construcción de una relación fructífera y perdurable donde tuvieron mucho que ver esas correspondencias en todo el sentido del término, responder a la par, cada misiva germen y fruto de la anterior y la siguiente, cadena de transmisión por el que se cubría la distancia acercando emociones.
Es mejor no volver a releer, dejemos intacta la química caduca integrada en aquellas celulosas, pensemos en que los libros viejos en su bella degradación liberan moléculas aromáticas como el benzaldehído con aroma parecido a la almendra, la vainilina a vainilla, el etilbenceno y el tolueno que proporcionan toques dulces, o el 2-etil hexanol de recuerdo floral.
Pensemos en el pececillo de plata y afines, inofensivos insectos que con cierta humedad ambiente se alimentan de escritos antiguos, recicladores de ideas e impresiones que aportan a la economía circular tan comentada hoy en día.
Tus palabras, amigo, hicieron tanto bien en su momento que merecen quedar salvaguardadas de pátinas posteriores, que con probabilidad no lo entenderían con la profundidad que debieran. Su labor está más que cumplida, si ahora al cabo del tiempo puedes leer estas líneas y en tu memoria redescubrir ese lugar en que te sentabas a leerlas, aquella mesa en la que redactabas, o los recovecos de tu visión de la vida que te empujaban a rellenar ese espacio en blanco que viajaba a un buzón, el que giraba en esa conjunción extraña de materia y vacío en su puerta, dentro ofertas de dos por uno, dentro mayores y saldos bancarios, han abierto una peluquería nueva en el barrio, calendarios con desatrancos y fontanería 24 horas, al fondo una carta.

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